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Cuarto domingo de Adviento PDF Imprimir Correo electrónico

Virgen_Maria_12“Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el 18 de diciembre, cuarto domingo de Adviento.

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IV DOMINGO DE ADVIENTO
“Yo soy la esclava del Señor;
cúmplase en mí lo que me has dicho”

 

2Sam 7,1-5.8-12.14.16
Rom 16,25-27
Lc 1,26-38

 

Destacamos, en este Cuarto domingo de Adviento, cómo Dios dirige su palabra a dos importantes personajes de la historia de la salvación: el rey David y la Santísima Virgen María. A ambos les hace algunas promesas que, dentro del proyecto divino, nos conducen a Jesucristo, nuestro Salvador.

Dios por medio de sus intermediarios les dice, tanto a David como a María, una maravillosa frase que aparece muchas veces en toda la Sagrada Escritura. La frase es: “el Señor está contigo”. En efecto, al rey David, Dios le promete estar siempre con él en todos sus planes, hacerlo famoso y darle una descendencia estable y permanente. Recordemos como Cristo será descendiente suyo.

Por otra parte, cuando el ángel Gabriel visita a María para anunciarle que ella era la elegida para ser la madre del Salvador, las palabras que le dice son: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…; no temas, María, has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo… El Espíritu Santo descenderá sobre ti…”. Al final de aquel diálogo, María afirma: “Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho”.

La persona de la Virgen María nos ayudará en esta última semana del tiempo de la espera. Ella, la llena de gracia, acepta con humildad recibir, primero en su corazón y luego en sus purísimas entrañas, al Hijo de Dios, al Salvador del mundo, a Jesucristo, el Dios con nosotros.

Imitemos a María en su “sí”, humilde y confiado que le otorgó a Dios. Para ello, lo primero que tenemos que hacer es vivir en gracia. Purifiquemos, por tanto, nuestro corazón de todo pecado a fin de que el Señor esté plenamente en cada uno de nosotros. Sólo así podremos vivir sin temor alguno, sabiendo que estamos en sus manos de Padre, bien protegidos, bien cuidados, bien amados.

Le suplicamos a Dios en nuestra oración dominical que, a ejemplo de María, perseveremos en su santo servicio, para así acoger con fervor renovado a su Hijo, el Verbo de vida, en la ya próxima Navidad. Así sea.

 

Mons. Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

 

 

 

 

 

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