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Homilía en la toma de posesión de Mons. Ruy Rendón Leal PDF Imprimir Correo electrónico

sr_cardenal_roblesH. Matamoros. El Sr. Cardenal Don Francisco Robles Ortega señaló durante la homilía que en la persona y ministerio de Mons. Rendón llega la presencia de Cristo, único Maestro, Sumo Sacerdote y Buen Pastor.

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HOMILIA
03 de Septiembre de 2011

 
Congregados en torno a la Mesa del Señor queremos acompañar en la oración y afecto a nuestro hermano Obispo Mons. Ruy Rendón Leal en su toma de posesión e inicio de su Ministerio Episcopal, como Obispo de esta querida Iglesia de Matamoros, por mandato del sucesor de Pedro el Papa Benedicto XVI.

Los Obispos debemos mantener siempre nuestra mirada puesta en Cristo "hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz" y cuyo alimento fue "hacer la voluntad del Padre" para estar siempre prontos a la obediencia; así como su anterior obispo Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, quien después de haber escrito una página de entrega Episcopal en esta Diócesis, se encuentra ahora sirviendo en la Iglesia de Querétaro. En razón a esta misma virtud de la obediencia su nuevo Obispo Mons. Ruy, después de haber contribuido generosamente a la causa del Evangelio en la Iglesia del Salto, Durango, viene ahora dispuesto a servir y entregar su vida por esta Iglesia de Matamoros.

La Palabra de Dios que se nos acaba de proclamar da plena luz y sentido a este importantísimo momento de la vida eclesial en esta Diócesis. En efecto, las tres lecturas ilustran la que será misión de su nuevo Obispo en medio de ustedes, que por otra parte es la misión de cada Obispo y todos los Obispos. Misión que consiste en hacer presente a Cristo, "ya que por la consagración episcopal el Obispo recibe una especial efusión del Espíritu Santo que lo configura a Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor. El mismo Señor "Maestro Bueno" (Mt. 19, 6) "Sumo Sacerdote" (Heb. 7,26) "Buen Pastor que ofrece la vida por las Ovejas" (Jn. 10,11) a impreso su rostro humano y divino, su semejanza, su poder y su virtud en el Obispo." AS. 33.

Por tanto, podemos decir con toda verdad, que para los hermanos y hermanas, sacerdotes, religiosos y fieles cristianos de esta porción de la Iglesia, que viviendo circunstancias difíciles de violencia, inseguridad, falta de garantías, crisis económica, y escasez de oportunidades de trabajo, Cristo mismo Buen Pastor llega vivo y presente en la persona de su Obispo para estar como el que sirve en medio de su pueblo cumpliendo así su promesa: "Yo estaré con Ustedes, todos los días, hasta el fin del mundo" y haciendo de su Iglesia casa de Comunión, de Oración y de esperanza activa para todos.

Como enseña el Concilio Vaticano II; "en la Persona de los Obispos a quienes asisten los Presbíteros el Señor Jesucristo, Pontífice Supremo está presente en medio de sus fieles" LG 21. Y en cuanto sucesores de los apóstoles reciben del mismo Señor la misión, en primer lugar, de enseñar, es decir la predicación del Evangelio. Así que su nuevo Obispo Mons. Ruy viene, en primer lugar, como Maestro auténtico de la Fe, dotado de la autoridad de Cristo para enseñarles la fe que debe ser creída y aplicada a la vida.

En el proceso de la misión permanente que hemos asumido en la Iglesia de América Latina y el Caribe, por tanto en nuestra patria y más en concreto en nuestra Provincia Eclesiástica y en esta Diócesis, su nuevo Obispo deberá impulsar, implementar esta misión continuándola del punto del proceso en que se encuentre a fin de que el Evangelio, Buena Nueva de Salvación llegue a todos. Misión que no llevara a cabo sólo sino contando con la asistencia del Espíritu Santo y la participación entusiasta de todos los agentes ordenados, consagrados y laicos comprometidos.

En el contexto especial que estamos viviendo con frecuencia se escucha una pregunta expresa venida de distintas voces: ¿Qué está haciendo la Iglesia para ayudar a resolver el problema de la violencia y hacer que la paz se restablezca? La Iglesia está haciendo lo que le toca hacer, cumplir su misión, Evangelizar, es decir enseñar la Palabra de Dios no para hacer proselitismo y dividir más la sociedad, sino para formar auténticos discípulos de Cristo a partir del anuncio "Kerymga", propiciando un encuentro vivo con Cristo para que a la luz de su Palabra cada uno descubra su dignidad de Hijo de Dios, su condición de hermano de todos; que respete el valor sagrado de la vida, desde su gestación hasta su consumación natural, entienda la urgencia de vivir en justicia y en verdad y asuma la responsabilidad de hacer buen uso y distribución de los bienes de la creación para que a nadie falte lo necesario, pueda conocer el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar para vivir en este mundo sin perder de vista nuestro destino final. En esta Misión que la Iglesia tiene de enseñar, el Obispo la preside como maestro dotado de la autoridad de Cristo y ésta es la máxima contribución a la humanización de todos y al fortalecimiento de la esperanza y la paz.

Jesucristo al mismo tiempo que lo reconocemos como nuestro único Maestro lo confesamos como nuestro "Sumo Sacerdote eminente que ha penetrado los cielos" (Heb. 4,14) como lo acabamos de escuchar en la Segunda Lectura de la Carta a los Hebreos. El estar en lo más alto de su Gloria no le impide compadecernos y ser solidario ya que alcanzó una estrecha participación en nuestro doloroso destino: igual que nosotros ha sufrido hambre y sed, la fatiga y la tristeza, las tentaciones; más que nosotros las humillaciones y maltratos, el suplicio de la Cruz.

Todo esto lo ha puesto en condición de "compadecerse de nuestra debilidad"; por eso nuestro Sumo Sacerdote es Misericordioso; esto no quiere decir, solo, que se conmueva fácilmente ante las desgracias ajenas sino, sobre todo, que a costa de los duros sufrimientos personales y por haberse transformado interiormente mediante el sufrimiento de su corazón humano-divino, Cristo glorificado tiene la capacidad de ser Misericordioso, su pasión lo ha vuelto para siempre solidario con los hombres.
En el Antiguo Testamento el sumo sacerdote marcaba fuertemente la separación, era solo para Dios; nuestro Sumo Sacerdote, en cambio, tiene con nosotros un vínculo de origen puesto que ha sido "tomado de entre los hombres" y tiene un vínculo de finalidad: "ha sido constituido para los hombres en las cosas que son de Dios".

Ahora bien Cristo, Sumo Sacerdote, solidario y misericordioso quiere asegurarles su presencia en medio de ustedes hermanos y hermanas, fieles cristianos de la Diócesis de Matamoros en la persona y ministerio de su Obispo Mons. Ruy Rendón Leal quien ejercerá su misión santificadora en persona de Cristo. Ya que el Obispo está revestido de la plenitud del Sacerdocio de Cristo y como su instrumento comunica la gracia Divina a los demás miembros de la Iglesia; por esto se puede afirmar que de su ministerio depende en cierta medida la vida espiritual de los fieles.

Entendemos así que la vida de fe que suscita la predicación de la Palabra, que compromete al seguimiento de Cristo, alcanza su plenitud en la participación de su misma vida que mana del ejercicio de su único y eterno sacerdocio.

En un mundo en el que campea la muerte como si se hubiera adueñado de nuestro entorno haciéndonos vivir en el temor, en la zozobra, en la orfandad y luto, se hace más urgente mediar para que la vida digna para todos sea una realidad y así que la verdadera vida que Dios nos otorga florezca y fructifique por el ministerio y la celebración de los Sacramentos, especialmente la Eucaristía. En esta dinámica resalta la mediación del Obispo como Sacerdote, signo visible del Sumo Sacerdote, Cristo, Misericordioso y Solidario. Hermosa tarea, grande misión tienes por delante Mons. Ruy y tenemos todos los Obispos.

En el Evangelio proclamado contemplamos en la figura del Buen Pastor al Señor Jesús, nuestro Maestro y Sumo Sacerdote. Como lo hemos afirmado anteriormente El penetró los cielos pero sin habernos abandonado; aquí y ahora se hace visible en la persona de su Obispo a quien se le confía plenamente el oficio pastoral, o sea el cuidado habitual y cotidiano de sus ovejas como vicario y legado de Cristo, con potestad propia que se ve afirmada y robustecida por su comunión con el sucesor del Apóstol Pedro. Mons. Ruy teniendo ante sus ojos el ejemplo del Buen Pastor, quien vino no a ser servido sino a servir, a dar la vida por sus ovejas deberá de buscar las perdidas, atraer a las alejadas, curar a las enfermas y fortalecer a las débiles.

Como podemos darnos cuenta, la misión del Obispo es sublime, es bella pero implica muchos e importantes compromisos. Pensemos por ejemplo la importancia que tiene siempre pero especialmente en este momento de la misión que el Obispo buen Pastor vaya adelante señalando el camino y que al mismo tiempo promueva la participación de los fieles en la variedad de ministerios y servicios en la Iglesia, esforzándose por suscitar la necesaria colaboración de los agentes para llevar a cabo la Nueva Evangelización

En virtud de su mandato apostólico, al Obispo corresponde suscitar, guiar y coordinar la obra evangelizadora de la comunidad diocesana, a fin de que la Fe del Evangelio se difunda y crezca, las ovejas perdidas sean conducidas al redil y el Reino de Dios se difunda entre todos los hombres. Su nuevo Obispo ayudado de sus consejos deberá desarrollar su actividad apostólica en este concreto ambiente sociocultural que deberá esforzarse por conocer cada vez más con todas sus posibilidades y retos.

Los pastores no tenemos otro remedio que dar la vida por los demás como la dio Cristo. Aunque nuestro estilo pastoral este condicionado por los matices propios de un carácter y de una formación determinados, no tenemos nosotros programas personales. Nuestro programa esta trazado por Cristo, el Buen Pastor. No debemos comportarnos como asalariados, jamás abandonar el rebaño y siempre impedir que el lobo de mil rostros que asecha constantemente a los creyentes los confunda y los disperse. A veces se presenta como injusticia, como crispada sensibilidad o violencia, en forma de individualismo o desenfrenada codicia como quien quiere reducir la acción de la Iglesia a una misión meramente temporal

Hermanos, hermanas. La sucesión apostólica es una gracia, nosotros la estamos disfrutando esta mañana y nos llena de esperanza poder constatar que en la persona y ministerio de este buen Obispo llega la presencia de Cristo, único Maestro, Sumo Sacerdote y Buen Pastor.

Que la Santísima Virgen María, nuestra Señora del Refugio nos acompañe a recibir y reconocer en el, al enviado de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

 

 

 

 

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