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Mensaje de Navidad 2010 PDF Imprimir Correo electrónico

jesus_1Dios nos concede vivir para prepararnos en este tiempo de Adviento para celebrar dignamente la Navidad de este año 2010; cuántos desafíos tuvimos que afrontar a lo largo de todo el año, especialmente viviendo situaciones de miedo entre nuestra población, que manifiesta la necesidad de una luz en medio de un ambiente de cultura de la muerte, reflejados  en diversos atentados a la dignidad humana.

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Aunado a esto, los estragos ocasionados por los fenómenos naturales, que siempre afectan con más severidad a los más pobres, los más vulnerables. Dentro de todo, hemos avizorado un sendero de esperanza y acudido a la protección de quien siempre nos socorre y nunca nos desampara: Dios. Hemos sido testigos de las diversas manifestaciones de oración por la paz y presencia permanente de nuestros agentes de pastoral, sacerdotes, consagradas, laicos y laicas que con constancia y la fe puesta en el Señor han perseverado en sus comunidades con la mano puesta en el arado, allí donde el Señor nos pide que continuemos arando la tierra para sembrar semilla de evangelio, de Buena Noticia.

La Navidad se acerca y el mensaje del ángel que se apareció a los pastores hacen eco en nuestras comunidades como un mensaje de alegría: “Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11). 

En este tiempo de Navidad, nuestro espíritu se abre a la esperanza contemplando la gloria divina escondida en la pobreza de un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre: es el Creador del universo reducido a la impotencia de un recién nacido. Es en la noche de Belén, donde el Redentor se hace uno como nosotros, para ser compañero nuestro en los caminos insidiosos de la historia donde la desesperanza se apodera de los hombres y mujeres de nuestra sociedad por el ambiente y realidad que estamos viviendo. Sin embargo ante esto, es necesario detenernos y contemplar el nacimiento de Nuestro Salvador y darnos cuenta que es la única solución para que se dé la paz en nuestros días.

Por eso la Navidad es un encuentro personal con la Luz, porque en medio de la oscuridad Él se presenta como quien disipa toda tiniebla, toda oscuridad; Él es la Luz que ilumina nuestro caminar y nuestra existencia; es la Luz que llega hasta nuestro belén para iluminar nuestras propias oscuridades y dar paso a que nazca en nuestros corazones. ¡Vivamos el encuentro con Cristo, el Rey de la paz! y que disipe nuestros miedos y transforme los corazones para que seamos promotores de la paz en medio de nuestra sociedad.

La Navidad sea una invitación para rescatar la esperanza, para orar unidos en familia, para reunirnos con nuestros seres queridos a pesar de distancias y resentimientos, para perdonar, para llenarnos de la luz del pesebre, para  orar por la paz: “Señor, consuela el dolor de quienes sufren. Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan. Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte. Dales el don de la conversión… que sepamos ser promotores de justicia y de paz, para que en Ti, nuestro pueblo tenga vida digna”.

¡Dios bendiga cada una de nuestras familias! y nazca en el corazón de cada uno de nosotros. Dejemos acompañar por María y José, para que nos ayuden a contemplar a Jesús que nace como “paz para los hombres de buena voluntad”
Feliz navidad para todos.

Faustino Armendáriz Jiménez
IV Obispo de Matamoros

 

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