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Domingo XXXII del tiempo ordinario PDF Imprimir Correo electrónico

LAMPARA_MANOS“El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 06 de noviembre.

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Ciclo A, 2011
Libro de la Sabiduría 6,12-16.
Salmo 63(62),2.3-4.5-6.7-8.
Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 4,13-18.
Evangelio según San Mateo 25,1-13.

 

“El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes,
que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo”

Dos palabras sobresalen en las lecturas bíblicas de este domingo. Como verbos o bien como sustantivos, los textos nos presentan dos palabras muy relacionadas entre sí. Se trata de los verbos “buscar y encontrar” o los sustantivos “búsqueda y encuentro”. Pero, ¿de qué búsqueda y de qué encuentro se trata aquí? Pues nada más y nada menos que de la búsqueda fundamental y permanente que todo ser humano debe hacer en la vida: LA BÚSQUEDA DEL SEÑOR.

Examinemos cada una de las lecturas y expliquemos este importante tema que la Palabra de Dios nos ofrece para nuestra meditación.

La sabiduría es presentada en la primera lectura como una persona que posee todo el bien, grandeza y hermosura, posibles. A la luz del Nuevo testamento, entendemos que esta sabiduría es el mismo Jesucristo, Verbo encarnado que vino a salvarnos. Esta “sabiduría” debe ser contemplada, amada, buscada, deseada. En efecto, nuestro Señor, la Sabiduría encarnada, debe ser buscado por sobre todas las cosas de este mundo, debe ser colocado en el centro de nuestro corazón, teniendo en cuenta que esta búsqueda no es difícil, ya que Él se deja encontrar, se anticipa para darse a conocer, es más, se halla “sentado a la puerta”, cerca de nosotros. Y, al “encontrarlo”, nos daremos cuenta de algo maravilloso: en realidad no éramos nosotros quienes lo buscábamos a Él, era más bien Él quien nos buscaba a nosotros por los caminos del mundo.

San Pablo, en la carta a los tesalonicenses, al hablarnos de la Segunda Venida de Cristo, afirma que la etapa de la vida cristiana, aquí en la tierra, culmina con el encuentro definitivo del Señor Jesús. Qué mejor final para coronar todos los pequeños y grandes esfuerzos llevados a cabo por nosotros en el tiempo presente. La frase “y así estaremos siempre con él”, sencillamente lo dice todo.

La parábola de las jóvenes que salieron con sus lámparas al encuentro del esposo, deja un mensaje muy claro: hay que tener aceite extra para poder encontrar al Señor y disfrutar de su presencia. El aceite extra es el “plus” que debemos darle a nuestra vida cristiana; vida que no se contente con lo mínimo, sino con lo máximo; siempre bien preparados, con una sólida y madura espiritualidad; aspirando y buscando la santidad, de tal manera que, aun en medio de grandes dificultades, perseveremos hasta el final del camino.

Hoy le pedimos a Jesús en la Eucaristía la gracia de buscarlo con un corazón sincero y lleno de amor, y que al encontrarlo en su palabra, en los sacramentos y en el prójimo, nunca jamás lo abandonemos. Así sea.


Mons. Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

 

 

 

 

 

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