| Domingo III Cuaresma, marzo 07, 2010 |
|
|
|
|
DOMINGO 3º DE CUARESMA Lc. 13, 1-9 Quienes habían muerto por accidente, en la mentalidad de los contemporáneos de Jesús, era por un castigo de Dios. Sin embargo Jesús no juzga así, por ello la enseñanza va en la línea de insistir en la paciencia misericordiosa de Dios, y lo hace con la parábola de la higuera. El verdadero Dios está representado por el viñador que pide tiempo y paciencia para la higuera que no da frutos, ya que Dios es paciente y rico en misericordia. Para el Señor los acontecimientos históricos no son un castigo de Dios, sino una invitación a la conversión y todos necesitamos cambiar. La enseñanza de nuestra Iglesia católica, en el Concilio Vaticano II nos dice que: “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio”. Se exige, para tener la sensibilidad y captar el mensaje de Dios, una actitud permanente de cambio, de conversión, lo cual significa revisar en serio y repasar de verdad la propia vida, para ver que debo cambiar, y que cosas nuevas debemos hacer. Esta es la llamada en este tiempo de Cuaresma, que hemos iniciado con la imposición de la ceniza en nuestra cabeza y que refleja la disponibilidad para reconocer nuestra tierra con humilde y dejar que la semilla de Dios sea sembrada en el corazón. Fundamental para impulsar permanentemente este proceso de cambio del corazón, de la persona, de la familia, de la comunidad, de la sociedad, es haber experimentado en nuestra vida la presencia de Cristo, que me hace vivir alegre y con una perspectiva de la vida, donde incluso en los momentos críticos de nuestra vida, nos permite ver la historia, los acontecimientos y a las mismas personas con esperanza. Esta es la mirada de Dios en el evangelio, que al ver que la higuera no da fruto, prefiere esperar a destruirla, le da una nueva oportunidad, es decir la mira con misericordia y esperanza. ¿Cómo Dios mira en este momento a nuestro país, nuestra región, tan necesitada de la paz? No quiere castigar a nadie, porque la persona de Jesús es en sí misma una buena noticia y seguirá esperando al hijo prodigo, para perdonarlo y recibirlo en su casa. La enseñanza de Jesús está orientada hacia la paz y el perdón, por ello para romper la espiral de violencia, recomienda perdonar siempre y amar a los enemigos; es cierto que esto sería una paradoja incomprensible para quienes no conocen a Dios o no lo aceptan en sus vidas. El viñador Jesús, nos sigue esperando como a la higuera, para que como personas, como sociedad, demos frutos. Con esta convicción y fe le decimos: “Señor Jesús, tu eres nuestra paz, mira nuestra patria dañada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad. Consuela el dolor de quienes sufren. Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan. Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte. Dales el don de la conversión. Protege a las familias, a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, a nuestros pueblos y comunidades. Que como discípulos misioneros tuyos, ciudadanos responsables, sepamos ser promotores de justicia y de paz, para que en Ti, nuestro pueblo tenga vida digna. Amén. María, Reina de la paz, ruega por nosotros.
|




