| Domingo V Ordinario, feb.07, 2010 |
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DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO Lc. 5, 1-11
Me parece importante considerar que este pasaje es un relato teológico basado en hechos históricos, como las enseñanzas de Jesús a orillas del lago de Genesaret; la profesión de los primeros discípulos, que eran pescadores; las incontables veces que Jesús y ellos anduvieron por el lago, pescaron juntos y charlaron entre sí compartiendo sus alegrías y sus tristezas, etc. Como relato teológico nos revela la iniciativa divina, la experiencia profunda que acompaña la fe, la decisión y la generosidad de la respuesta humana; la estrecha unión entre fe y envío misionero, el impulso misionero de las primeras comunidades… El discípulo elegido reconoce en Jesus a su líder, a su maestro, por eso acude a El en los momentos en los cuales todas sus capacidades, en este pasaje, como pescadores se agotan; en esta situación se encontraba Pedro, por ello la suplica confiada: “Señor, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada” es reflejo de la autosuficiencia ineficaz de los medios humanos, el problema del cansancio profesional; pero también los inesperados resultados de una obediencia confiada. En la vida espiritual del ser humano creyente, se trata de una “noche oscura del alma”, cuando se experimenta el vacío de sentido, y la fe ya no nos parece como la luz que ilumina nuestra vida. Es en ese momento, cuando la obediencia a la voluntad del Señor nos debe dar la seguridad de abundantes frutos; es allí donde tenemos que proclamar nuestra fe como Pedro: “Pero, confiado en tu palabra echare las redes”. Hasta aquel momento había echado las redes muchas veces por su propia iniciativa, sin embargo ahora las lanza en el nombre de Jesús. Como creyente es la hora de “echar las redes en el nombre de Jesús” y así lo seguiremos haciendo como miembros de una Iglesia a la que amamos y donde el amor se muestra en las obras. La tarea misionera esta garantizada cuando el Espíritu Santo nos guía, y la pesca abundante es milagrosa porque el único que lo puede lograr es Jesús. Somos sus humildes colaboradores. ¡Animo!
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